12 de febrero de 2008   ¡Mi todo en la vida!       




    ¡Hoy hace once meses que te has ido!

    Dolors, tú has sido mi amiga, mi amante, mi compañera, mi esposa, mi hermana, mi madre y mi hija y ahora eres mi enlace en el Cielo y de la misma manera, yo he sido tu amigo, tu amante, tu compañero, tu marido, tu hermano, tu padre y tu hijo y ahora soy tu enlace en la Tierra. Porque después de compartir una vida juntos y de tener una hija y un hijo y de haber pasado por momentos buenos y malos, siempre queriéndonos, siempre de cariño, todas las emociones posibles entre dos seres humanos se han dado en nosotros. Tú has sido mi madre cuando he estado enfermo y me has cuidado con el cariño y desvelo de una madre y yo he sido un padre cuando tú has estado enferma y te he cuidado con el cariño y desvelo de una madre y dándote la seguridad de un padre. De esa misma manera y en las mismas situaciones yo he sido tu hijo cuando he estado postrado en cama por alguna enfermedad u hospitalizado por alguna operación y tú has sido mi hija en las mismas o parecidas circunstancias. Todo ese conjunto de sentimientos unidos, el de la amistad, el fraterno, el sexual, el materno-paterno-filial, unidos en la misma persona conforman el verdadero amor, conforman el amor que nos hemos profesado el uno al otro y que ahora continúa a pesar de estar separados dimensionalmente pero que tiene un futuro en el momento en que yo consiga traspasar mi dimensión y llegue a la tuya. Te amo Dolors, T’estimo y te echo a faltar en todas las situaciones y te recuerdo en todas las circunstancias, incluso en aquellas que pudieran parecer penosas pero no lo eran, es decir, en momentos en que estabas hospitalizada pero te encontrabas bien, sin dolores y había esperanza porque los oncólogos nos engañaban siempre dándonos esperanza hasta el último día. Cuando íbamos a hacerte la quimioterapia que hacíamos broma con las enfermeras. Cuando estábamos en las salas de espera de los oncólogos, porque había esperanza y tú no te encontrabas excesivamente mal en esos momentos. En casa, cuando al atardecer llorabas un rato a mi lado, tumbados en la cama y te quejabas y te preguntabas por qué te había tocado a ti y me preguntabas si te morirías y yo te decía que no, porque nuestros oncólogos nos daban esperanzas engañosas con la buena intención de animarnos. Y te reponías rápidamente y salíamos al balcón a seguir hablando animados y haciendo planes de futuro, sin saber que no había futuro, al menos tal como lo imaginábamos. Todos esos recuerdos son buenos para mí, porque tú no te encontrabas mal. Por supuesto que tengo recuerdos muy terribles, pero son los menos, siempre asociados a momentos de ataque del cáncer y previos a que se te calmara el dolor con morfina. Recuerdos malos porque lo pasabas mal, cariño mío, y sabes que yo también lo pasaba muy mal, sintiéndome impotente, pero eso sí, obligando a médicos y enfermeras que se esmeraran y estando encima de ellos continuamente. Toda la vida recordaré que me dijiste “Mariano, si salgo de esto será gracias a tí, gracias a tus continuos cuidados y presiones a los médicos y enfermeras” pero claro no contábamos con que había un Plan Superior para ti, en que tú ya te habías ganado el Cielo, ya tenías derecho a traspasar el Umbral y a poder vivir la Suprema Felicidad de lo Eterno. Me ganaste Dolors, y yo he de esperar, por algún motivo que tú debes conocer por estar donde estás pero que yo no puedo saber todavía. Pero la Vida es así y habré de esperar y me alegrará reencontrarte y que además de todas las cosas que te he dicho al principio, también podrás ser mi Maestra en las Dimensiones Superiores, mi Tutora, mi Angel, mi Dolors Luminosa y plena de Amor.

    Mariano, Alana y Daniel. 12 de febrero de 2008

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